Con autorización de la dependencia, en el estado operan 448 guarderías en esas condiciones
Los concesionarios adaptan casas o bodegas y cobran entre 350 y 600 pesos al mes por cada niño
VIRIDIANA SAAVEDRA PONCE
Fueron detalles menores los que señalaron a las responsables de las estancias durante el último recorrido de inspección, aseguró el titular de Sedesol en Jalisco
La estancia Mundo Infantil Genaro Codina, en la colonia Alcalde Barranquitas, situada frente a una fábrica de pinturas y recubrimientos Foto: HECTOR JESUS HERNANDEZ
La estancia infantil Mi Mundo Mágico, ubicada en la colonia Independencia Oriente, en la parte alta de una tienda de ropa Foto: HECTOR JESUS HERNANDEZ
Fachada de la guardería de Sedesol Rey León, en la calle Fidel Velázquez, de la colonia Santa Elena Estadio Foto: HECTOR JESUS HERNANDEZ Los dibujos de animales, juegos y cuentos de hadas pintados en las enormes paredes que custodiaban a niños adquiriendo conocimientos en un nuevo mundo, ya no existen en la pequeñas casas o bodegas que han sido adaptadas como estancias infantiles y en las que los niños permanecen horas hacinados.
Con autorización de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), en la entidad operan en estas condiciones 448 guarderías registradas en 66 municipios; ahí son atendidos 12 mil 500 niños, todos, hijos de 11 mil madres de familia que trabajan y 250 que son estudiantes.
Es la historia de la necesidad y la historia de un gobierno que poco invierte para atender cabalmente esa necesidad.
Las etancias infantiles surgieron en Jalisco en 2007, y aunque la mayoría fueron registradas recientemente, algunas ya funcionaban como jardín de niños particular y se sumaron a la Red de Sedesol, que otorga 700 pesos mensuales por cada menor registrado en las guarderías, que sumados a la cuota que la estancia pide a los padres de familia –de entre 350 y 650 pesos al mes–, resulta un interesante negocio para sus titulares, lo que refleja el interés y la “enorme cantidad de solicitudes para abrir estancias” que tiene la Sedesol, como lo explicó su titular, Felipe Vicencio.
En un recorrido hecho por este medio se pudo constatar que en su estructura, el cien por ciento de las estancias visitadas, en casos vulnerables, resultarían inseguras, tomando en cuenta que no tienen salidas de emergencia, que están ubicadas en calles transitadas, que en algunos casos no cuentan con una ruta de evacuación y que en situaciones inesperadas, como un sismo o incendio, no tienen espacios delimitados que permitan salvaguardar la vida de los menores, además de que en algunos casos colindan con sitios de riesgo.
De acuerdo con Felipe Vicencio, en Jalisco “las estancias de la Red de Sedesol reciben una visita de supervisión en promedio cada dos meses, lo que permite verificar que las condiciones continúen siendo observadas” y, a decir del funcionario, el último recorrido de inspección resultó satisfactorio y fueron sólo detalles menores los que se señalaron a las titulares de las estancias.
“Siempre hacemos observaciones, y siempre estamos atentos a las deficiencias que pueda haber. Tenemos que estar haciendo permanentemente observaciones que afortunadamente hasta el día de hoy han sido observaciones menores, pero lo que ocurrió en Hermosillo nos obliga a ser más acuciosos en las medidas de seguridad para garantizar a los niños, y a las mamás, garantizarles seguridad”, dijo Vicencio.
Luego del incendio en una guardería subrogada del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Sonora, que dejó como saldo 46 menores muertos y una cantidad similar de niños con quemaduras de segundo y tercer grado, las medidas de seguridad en las 2 mil guarderías y estancias infantiles en Jalisco se radicalizaron, señaló el funcionario.
Las reglas de operación
De acuerdo con el portal de Internet de la Sedesol, las reglas de operación exigen que las responsables de las estancias certifiquen la Prueba de Perfil de Tutora Residente (PTR), que es una prueba elaborada por psicólogos expertos en la atención a niños, que cursen y aprueben la capacitación inicial básica del programa, tengan escolaridad mínima de secundaria o equivalente, cuenten con la Certificación en la Norma Técnica de Competencia Laboral (NTCL) de atención a niños y niñas menores de seis años, otorgada por un órgano independiente avalado por la Secretaría de Educación Pública y aprueben la capacitación en alimentación y nutrición, prevención de accidentes y primeros auxilios, maltrato infantil, hábitos de higiene, cantos y juegos, lenguaje y pensamiento, vinculación con la familia y salud y medio ambiente.
En cuanto a los requisitos de seguridad de los inmuebles, las reglas de operación y los lineamientos del programa exigen que el espacio sea suficientemente amplio para atender por lo menos a 10 niños, considerando dos metros cuadrados de espacio por niño; que cuente con escaleras seguras para evitar que los niños puedan lastimarse; que no existan sustancias tóxicas, objetos punzocortantes peligrosos o cristales rotos; que tenga buena iluminación y ventilación en las áreas de actividades de los niños, y que tengan espacios, materiales y mobiliario limpios, en buen estado y suficientes para el número de niños atendidos; además, que no estén ubicadas en zonas de riesgo como rellenos sanitarios, terrenos arcillosos o contaminados, taludes o fallas geológicas y que no colinden con ríos, lagunas o arroyos, gasolineras o ductos subterráneos, transformadores o líneas de alta tensión, bodegas que almacenen productos tóxicos o inflamables, fábricas, talleres mecánicos, expendios de alcohol, bares, cantinas o centros nocturnos, aunque en la mayoría de los casos la realidad no es del todo cercana con lo establecido en dichos lineamientos.
Hay estancias que no cumplen con esos requisitos, como la estancia Lluvia de Cariño, en la colonia San Marcos, ubicada a un costado de un taller mecánico; Mundo Infantil Genaro Codina, en la colonia Alcalde Barranquitas, que tiene techo de lámina de asbesto y está situada frente a una fábrica de pinturas y recubrimientos; Pequeños Genios, en Santa Cecilia, donde la única salida es a una calle en la que sólo puede transitar un automóvil, y donde además la cochera funciona como almacén.
Asimismo, el Instituto Julio Cortázar, en la colonia Miraflores, que cuenta con un pequeño extintor a la intemperie y que, al igual que muchas otras estancias, de ser una casona se convirtió en una estancia infantil, donde la azotea fue adaptada con ventanales a manera de bardas y láminas a manera de techo; la denominada Profesor Manuel Dávila Vidales, en Huentitán el Alto, en un sitio susceptible de inundaciones, de acuerdo con los vecinos; la estancia Mundo Sigmund Freud, en la colonia Belisario Domínguez, que en un segundo piso y con una puerta no mayor a 1.50 metros de longitud, está ubicada arriba de una tienda de lencería y ropa de dama, y a un costado de una paletería con por lo menos cinco refrigeradores y diversos aparatos eléctricos.
También esta Rey León, en Santa Elena Estadio, ubicada junto a un colegio particular que simula una cabaña y sus paredes están cubiertas de madera, o Mi Mundo Mágico, en la colonia Independencia Oriente, que, situada arriba de una tienda de ropa, igualmente fue adaptada y de ser una casa se convirtió en un lugar de recreación para menores, dirigida por una mujer que sin proporcionar su nombre y cargo intentó evitar que se tomaran fotografías previa identificación de este medio, y a manera de intimidación salió a hacer el reporte a un teléfono público, lo que evidenció que al interior de la finca no cuentan con un teléfono fijo –muy necesario en caso de emergencias–, son algunas de las que, si se tomaran en cuenta los requisitos señalados para su apertura, no habrían obtenido el permiso.
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