sábado, 21 de noviembre de 2009

Degradación humana y colapso ambiental / Segunda parte

Parlamento de Colonias


El estado que guarda la condición humana en el mundo, con el dominante paradigma económico capitalista y su agotado modelo neoliberal, trasnacionalización presente en la mayor parte de las naciones, ha demostrado ser un modo de producción depredador de la naturaleza y expoliador de los derechos humanos, como es el caso de México, con una creciente globalización de la pobreza y miseria de la prosperidad; sistemas políticos en franca decadencia y la complejidad de sus relaciones sociales orientadas en gran medida al consumo frenético y a la cultura de la violencia. Se promueve con éxito la industria del crimen, el culto a la muerte y la crueldad, consolidándose entre otros “negocios” ilícitos, por la narcotización cada vez mayor de la población, amen de lacerantes desigualdades y marginación ancestral de poblaciones rurales y comunidades indígenas. Estas circunstancias hostiles a la dignidad humana que ponen al descubierto un estado demencial de autodestrucción, muestran a la vez, la gran amenaza al entorno biológico, por ello también, nos sitúa en un escenario de inconmensurables efectos socio-ambientales adversos a la estructura de la frágil biosfera planetaria.

La globalidad de los impactos ambientales más devastadores como son las excesivas emisiones de gases de efecto invernadero que han producido el cambio climático, la destrucción de la capa de ozono, la acidificación de los mares, la acelerada erosión de los suelos continentales, por decir sólo algunos, forman parte y se vinculan constantemente con las distintas formas en que estamos contaminando y sobre explotando los ecosistemas en cada región y localidad. Hacer frente a estos grandes retos, requiere revertir la mentalidad distorsionada y profunda enajenación en que nos encontramos. Ello implica una auténtica revolución educativa y científica del conocimiento y el pensamiento impulsados por una pedagogía de la esperanza (Freire, 1993) y siguiendo las propuestas del informe de la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI presidida por Jacques Delors, con los cuatro pilares de la educación: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos (con los demás) y aprender a ser. Este afán educativo, entre otras propuestas de socialización avanzadas y sustentables, contribuirá en lograr la transformación cualitativa necesaria para gestar un nuevo ser social en armonía consigo mismo y la biosfera. Reducir el proyecto educativo nacional a competencias de capital humano para destrezas laborales en un contexto del aparato productivo en franca decadencia e insustentable, es un error de efectos generacionales muy lamentables.

La incontenible degradación humana y del medio ambiente no tiene paragón alguno en el proceso civilizatorio industrial. Hoy, por decir un ejemplo de tantos que pudiéramos ilustrar, los niveles de contaminantes atmosféricos emitidos en mayor medida por los países industrializados –aparte del problema epidemiológico que significa a nivel climático la alteración biológica de vectores de enfermedades infectocontagiosas– están alterando el clima de todo el planeta con las indiscutibles y probadas consecuencias catastróficas, por ejemplo: la perturbación del ciclo natural del carbono por el incremento de dióxido de carbono con 385 ppm (partes por millón) que significan el nivel más alto en 650 mil años, esto porque anualmente estamos inyectando a la atmósfera 7 mil 900 millones de toneladas, entre otros gases de efecto invernadero. A la industria se le unen los automotores como principales emisores en las metrópolis, tal es el caso de Estados Unidos donde el consumo de gasolina a diario es de mil 400 millones de litros, en este país, Los Angeles es una ciudad donde existen más automóviles que personas. Las consecuencias del desmedido consumo energético lo demuestra un informe del Foro Humanitario Global cuando señala que el cambio climático causa la muerte de 300 mil personas al año y un costo de 125 mil millones de dólares, calcula también que de seguir sin hacer algo, para el 2030 el calentamiento global afectará a 600 millones de personas, con 500 mil muertes anuales y un coste económico de 300 mil millones de dólares. A esas alturas del tiempo, ya estaríamos hablando de refugiados ambientales y un éxodo imparable, con los conflictos humanos que ello significa.

Existe una degradación humana que ha llegado a su límite y que no debe seguir, dada su irreversible y potente dinámica depredadora, esto es, de no existir la disposición de un cambio estructural –al menos progresivamente– dentro de un proceso paradigmático inteligente y éticamente sustentado, la humanidad se apresura al agotamiento de los sistemas de supervivencia y por consiguiente a su extinción, llevando consigo también, el desencadenamiento fatal para la biodiversidad de todo el planeta.

La degradación ambiental global y en cada país, tiene una principal causa y no es otra, que la degradación ética y moral, ella se traduce a la vez, en los bajos perfiles de los actores políticos: gubernamentales, empresariales y sociales, que no han sido capaces de transformar sus sistemas de vida democrática para que logren construir sociedades participativas, con avanzados niveles educativos y de conciencia critica, analítica, reflexiva y transformadora, capaces de generar nuevos cambios de visión y actitud y perfeccionar la vida humana con dignidad y respeto a la biosfera de la que depende nuestra existencia. Estos obstáculos de origen epistemológico y del orden ético, nos llevan a revisar de manera autocrítica y congruente, el fenómeno educativo desde la familia, la escuela elemental y las universidades, sin apartarnos de la observación ciudadana en los ámbitos del poder público y el tipo de relación con el sector privado que ya constituyen una misma clase dominante política y económica, cuyo comportamiento frenético en la permanencia del poder y control corporativo, los ha llevado a desarrollar actitudes perversas y desde luego peligrosas, relacionadas incluso con el crimen organizado.

Así, la situación biológica y social de los humanos se ve atrapada en un comportamiento social y económicamente irresponsable y de alto impacto al equilibrio ecológico, dado el bajo nivel de conciencia social, ambiental y política, tanto de los gobernantes como de grandes sectores de la sociedad. En la mente de todo planeador tecnócrata, predominan las leyes económicas capitalistas como las únicas existentes con sus teorías y principios, más no las que rigen a los diversos ecosistemas, la racionalidad ambiental y las propuestas alternativas neo-keynesianas de desarrollo sustentable y desarrollo humano. Cabe mencionar que, no obstante la predominancia del modelo neoliberal –insisto– agotado y fracasado con nocivas repercusiones económicas y de incertidumbre en la población mundial, han surgido alternativas post-capitalistas, como las propuestas por la bio-social-diversidad, tales como: el endo-desarrollo, etno-desarrollo y ecodesarrollo, que han sabido coexistir aplicándose con incipiente acierto por algunas comunidades rurales en países ricos en biodiversidad y con firme participación democrática de sectores sociales organizados para la producción y comunidades solidarias para el comercio justo.

Considero importante sugerir que las crisis (económica, financiera, política, social y ambiental), se producen entre otros motivos, a partir de una desvinculación del conocimiento científico en las áreas cognitivas de la sociedad y la naturaleza, con las humanidades, y en lo particular con la ética. Esta carencia en la formación educativa de los tomadores de decisiones, como en los líderes políticos y sociales, es evidente y tiende a generalizarse. La degradación humana relacionada con la carencia de esta área filosófica –sin relegar desde luego, la importancia que tienen las artes en el desarrollo de la sensibilidad humana– ha llevado a la clase política a un alto grado de irresponsabilidad reflejada en un bajo nivel de gobernanza, como en la indiferencia e indolencia, ante el sufrimiento y destino incierto de los demás, por consiguiente, a una degradación moral ante la necesidad de apreciar el valor de la vida digna, propiciando también, la destrucción a su propio hábitat, así como, a la degradación de su salud y bienestar. Difícil para México, donde se ha llegado a tocar fondo en la degradación humana al ser señalado como uno de los países que no protege a su niñez del rapto y tráfico, abuso sexual, prostitución y pornografía infantiles, desnutrición, agresión y maltrato, accidentes mortales por corrupción y oscuros negocios en albergues y guarderías de materno infantil subrogadas por el IMSS, entre otros factores agresivos que hacen de este sector de la población, el más vulnerable y amenazado. Un país que no protege a sus niñas y niños es una nación sin futuro.

En Jalisco se encuentra una muestra palpable de incongruencias de la clase política con los valores democráticos, políticos y ambientales, carencias que dañan a la sociedad en su conjunto y a las futuras generaciones. La degradación moral y ambiental tienen que ver con los bajos niveles de desarrollo humano; mediocre y obsoleta formación educativa; raquíticas manifestaciones culturales de la población; perverso desarrollo urbano que afectan: la convivencia humana, la calidad de vida y la armonía con los ecosistemas; crisis de credibilidad a los gobernantes y la nula democracia participativa de la población en la toma de decisiones; bajo perfil y deficiente desempeño de funcionarios públicos en los tres niveles y poderes de gobierno, entre estos, los “impartidores de justicia”, jueces y magistrados abismalmente ignorantes del derecho ambiental, incapaces de hacer valer los derechos de tercera generación DESCA promulgados por la ONU y ratificados por el Estado mexicano. Para la sociedad jalisciense el escenario que denigra y degrada su vida presente y futura es la impunidad, el abuso de poder, el derroche y dispendio de sus impuestos y para agraviar aun más, el cinismo de gobernantes y dirigentes “políticos”.

Encargado de la publicación José Fernando Estrada Godínez. Colaboración de Jaime Eloy Ruiz Barajas, profesor-investigador, titular “B” de tiempo completo en la UdeG; imparte la materia de Ecología y un Seminario de Educación Ambiental; promotor forestal con programa de restauración ambiental en la subcuenca hidrológica Atemajac – Colomos; asesor del Parlamento de Colonias de la Zona Metropolitana de Guadalajara.Coordinador de Ciudadanos por el Medio Ambiente; miembro del Consejo Consultivo de Medio Ambiente para el Desarrollo Sustentable del Municipio de

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